lunes, 21 de noviembre de 2011

¿Evolución/Involución de los personajes? Citas.



«De las mismas brumas de las que emergen los sueños y los destinos de los hombres, es de donde se forjan a los héroes legendarios que cambiarán el curso de la Historia que está por venir».


«Guárdate de la oscuridad que acecha en lo profundo de tu alma».





Éstas son las citas que tengo en mi documento de texto en el que voy escribiendo casi todo lo que me ronda por la cabeza sobre ese mundo imaginario mío llamado Theana. Casan muy bien con las historias que tengo en mente, y me gustan. Son como un recordatorio constante de hacia dónde se dirigen las cosas; de algún modo, una autoguía que evita que, a veces, desvirtúe en cierto modo aquellas historias que se van entrelezando unas con otras para formar la Historia principal. Una guía que me intenta recordar que no debo caer en tópicos como éstos. Que me recuerda que todos tenemos un lado oscuro, oculto, que rivaliza con la parte que dejamos ver al mundo. 

 Porque los malvados casi nunca son tan malos como señalamos,
y porque los buenos a menudo son los más desalmados de los desalmados. 

martes, 15 de noviembre de 2011

Música. Algunas canciones que llegan al alma

Hay veces que estás deprimido y necesitas algo que te anime. O que te ayude a dar rienda suelta a lo que llevas dentro. O, simplemente, hay ciertas canciones en ciertos momentos que te llegan al corazón, que las escuchas y dices "oh, ésa es mi canción", "ésa es, ésa me encanta".

Bien. Pues el otro día me terminé de ver algunos capítulos de la serie "Private Practice" ("Sin cita previa" en España, la echaba hacia tiempo Antena 3 pero luego sin dar más explicación dejaron de emitirla), de la cuarta temporada. Y más o menos al final del capítulo 16 y del capítulo 17 me encontré con dos canciones que no conocía y que me encantaron: "The Tide Pulls from the Moon", de William Fitzsimmons, y "Always Remember Me", de Ry Cuming.

No sabía qué canciones eran, hasta hoy que las he buscado en Google. Me he puesto a escucharlas por entero, y, simplemente: son geniales. Y, como muchas veces antes que éstas, he acabado al final escuchando "Little Girl" y "Shattered", ambas del ya desaparecido grupo Trading Yesterday (luego, si no me equivoco, pasaron a llamarse The Age of Information).


Videos en Youtube (tenéis los enlaces a las letras al final del post):

 William Fitzsimmons - "The Tide Pulls from the Moon



Ry Cuming -  "Always Remember Me"


Trading Yesterday - "Little Girl"





Trading Yesterday - "Shattered"



Letra de William Fitzsimmons - "The Tide Pulls from the Moon" aquí.
Letra de Ry Cuming - "Always Remember Me" aquí.
Letra de Trading Yesterday - "Little Girl" aquí.
Letra de Trading Yesterday - "Shattered" aquí.

viernes, 11 de noviembre de 2011

"Memorias de agua (Adelanto)", 11-11-11

Bueno, pues para celebrar este 11-11-11 (que fecha más chula ésta, ¿eh?. Y el próximo, 12-12-12...) he decidido publicar 11 (cómo no) obras mías y subirlas aquí, para que todos los que queráis podáis descargaros el archivo y leer los textos cuándo y cómo queráis. 

La licencia de la obra es de Creative Commons, en concreto la de "Reconocimiento-NoComercial 3.0 España", así que, entre otras cosas, sois libres de copiar, distribuir, y modificar el archivo a vuestro antojo, con las únicas condiciones de que no se puede hacer un uso comercial, y se debe reconocer mi autoría.

El archivo lo tengo subido a mi Dropbox, pero no os preocupéis que no hace falta cuenta de ese servicio para descargároslo ni nada, simplemente, ¡pinchad en el enlace! :D De momento sólo tengo el .pdf normal, sin adaptadarlo a los lectores electrónicos ni nada. Espero subir en cuanto pueda otro .pdf para 6 pulgadas, y algunos formatos de archivo más. Pero mientras tanto, os dejo aquí el link, y la captura de la portada:



:

Link a la versión .pdf (tamaño normal)
(Versión antigua, con errores)



Nota importante: hay una nueva versión de "Memorias de agua (Adelanto)", en la que están corregidos los errores que había en primera versión, además de que se han añadido algunos formatos nuevos (.odt y .doc). En la pestaña "Memorias de agua" de la parte superior del blog tenéis todos los datos actualizados y los nuevos links. 

Perdón por el retraso al actualizar esta entrada, se me había pasado. ¡Gracias a todos! :D

jueves, 10 de noviembre de 2011

El duelo (Segunda Parte)


And this is... THE END:


El motor de la furgoneta fue bajando de revoluciones poco a poco cuando fue frenando progresivamente, disminuyendo la velocidad, mientras se aproximaba casi a la salida de la zona industrial del polígono, una zona en su totalidad casi abandonada y de poca utilidad. Había una especie de altercado y tumulto de gente que iba de un lado para otro, destrozando violentamente el poco mobiliario urbano y las estructuras de los nichos industriales que aún quedaban en pie. De algún lugar a la derecha, en una calle paralela, se elevaba un humo negro. También estaban quemando contenedores de basura.

Alguien pareció reconocerle entre la multitud que había a mitad de la calzada, ya que se separó del grupo y se fue acercando al vehículo a medida que éste iba reduciendo su movimiento. Un muchacho joven, de unos veintipocos años, con una gorra roja hacia atrás en la cabeza y vestido con unas prendas oscuras, de sonrisa algo risueña y ojos negros chispeantes de agudeza se aproximó a la ventanilla del conductor, que éste bajó.

–Como ves, estamos aquí. Me he traído a algunos más de los previstos, pero todo está saliendo bien –informó, con tono inquisitorio, inspeccionando medio disimuladamente el interior del furgón.

–Bien, muy bien –contestó el conductor, en actitud visiblemente ahora algo más relajada–. Recuerda, quiero el menor número posible de amenazas potenciales. Nadie debe saber lo que realmente sucedió aquí esta noche.

El muchacho lo miró ahora directamente a los ojos, sin retroceder siquiera un milímetro ni alterarse por tono autoritario de la demanda del hombre de mortales ojos marrones que tenía delante. Al fin y al cabo, sabía con quién estaba tratando y la autoridad que él exigía, puesto que era una de las personas que conocían de primera mano su forma de hacer las cosas. No por nada era una de las personas de su círculo más cercano.

–Por supuesto –declaró sin variar casi la expresión de su cara–. De hecho, ninguno de los que están esta noche aquí sabe más de la cuenta. Para ellos, hemos venido a montar un poco de juerga y de descontrol por aquí. Que, casualmente, derivó en la quema de algunos contenedores, naves... Ya sabes.

Hizo un gesto con su mano derecha en el aire, como restándole importancia al asunto. Sin embargo, en ningún momento quitó la expresión indagadora de su rostro, no dejó de observar la cara de su interlocutor, como si quiera desmontarla pieza por pieza para resolver el puzzle que escondía detrás.

–Me alegro de que sea así. Entonces, si está todo, me voy.

–¿Debo considerar entonces que salió todo como habías previsto?

El hombre, de unos treinta y cinco años, curtido en más misiones y operaciones delicadas de las que podía siquiera recordar, lo miró de forma fija, sin contestar. El joven le mantuvo la mirada durante unos segundos, y, finalmente, sin que mediaran más palabras de por medio, asintió levemente, a modo de reconocimiento, y se dio media vuelta, hacia los altercados que ya se iban extendiendo por otras zonas de aquel lugar. Tendría que echarles un ojo de cerca a los incendios, no fuera a ser que se presentaran los bomberos allí porque se les había ido la mano con los fuegecillos.


* * * * * * * 


Metió la llave en la cerradura de la puerta de la calle, algo maltratada por las inclemencias de los años y del uso a veces no muy adecuado, que la habían ido dejando cada vez más desgastada, y que chirriaba últimamente al abrirse, como si ya estuviera pidiendo gritos un reemplazo. O al menos eso fue lo que pensó el hombre medio derrotado que la abrió, como si todo el peso del mundo cayera de nuevo sobre sus hombros cansados. Yo también desearía un reemplazo, reflexionó, abatido.

Subió por las escaleras del edificio, que olía algo a polvo, a humedad y que gritaba a gritos un abandono sistemático a través de los años. Un edificio que gritaba con todas sus fuerzas para no perder la poca dignidad que le restaba. Como yo mismo, pensó el hombre que subía por las escaleras. Igual que yo mismo.

Terminó de subir los escalones algo empinados, deslizándose por las sombras con suavidad, con cuidado, con una estudiada eficacia que era un perfecto reflejo de cómo había manejado la mayor parte de su vida. Entrenado para ser el mejor en su especialidad, rápido como el pensamiento, duro como el acero, pero el hombre que había subido por las escaleras de aquel edificio algo destartalado ya no era le mismo que había sido hacía sólo meses antes, antes de todo el infierno por el que había pasado.

Antes del infierno, del fallecimiento trágico de su única hija, antes de que se la arrebataran de su lado con la crueldad y la violencia de un asesinato por encargo cuyo único y principal objetivo era el silencio. Su silencio. Un silencio que debía pagarse con sangre y con dolor, porque no había sido lo suficientemente listo como para evitar verse envuelto en un asunto muy turbio, uno que implicaba a las más altas esferas del poder. Y ese mismo poder que le había pagado gustoso y con creces todos sus encargos anteriores, ahora le había arrebatado aquello que más quería en este mundo.

Y él era perfectamente culpable de su falta de previsión, de su incapacidad para reaccionar a tiempo, por no haber tejido una inmunidad y unas influencias lo suficientemente fuertes para que la mierda no lo golpeara cuando algún jefazo de los del más alto escalafón decidió que aquel asesino a sueldo que habían utilizado tantas veces antes para sus trabajitos había hecho ya demasiados encargos delicados, que había tenido acceso a demasiada información valiosa y de grandes repercusiones como para que fuera beneficioso que siguiera vivo.

Por un chivatazo a tiempo, había logrado salvarse. Pero no así su hija, que, cuando se había puesto de manifiesto que las maniobras para silenciarle a él no habían un tenido éxito inmediato y contundente, había pasado inmediatamente al ser el objetivo al que apuntaba la mirilla de todos los asesinos de la provincia, y probablemente, también de todo el Estado. Sí, cuando más necesarias habían sido sus habilidades había sido cuando más ineficaz se había mostrado, se lamentó furiosamente.

Entró en la que se había convertido en su casa desde todo aquel infierno. Cerró la puerta tras de sí, apoyándose en ella como si fuera su último salvavidas en medio del océano. Y luego, se acercó a su cama, que, con una manta azul bastante raída sobre la colcha de color blanco, ocupaba el espacio derecho de la primera habitación del piso, con su cabecero de madera robusta y de color claro pegado a la pared. Dejó sobre ella un bulto muy alargado y estrecho que iba envuelto en unos trapos desgastados, descoloridos por los años y el uso.

Un bulto que no era ni más ni menos que una espada envainada, llena de sangre, con la que había puesto fin al hombre que había asesinado a su hija.

Fue lentamente hasta la ventana de enfrente y contempló desde donde se encontraba la calle que se extendía dos pisos más abajo.

Era el primer día satisfactorio de su venganza.


(Enlace a la primera parte)

miércoles, 9 de noviembre de 2011

El duelo (Primera Parte)


Bueno, aquí os dejo el principio de mi relato corto titulado "El duelo". Y digo "principio" no porque no esté acabado (menos mal), sino porque, como me ha parecido  demasiado largo para ponerlo todo de golpe, lo pongo en dos partes. Las entradas entradas programadas, así que, mañana sin falta, el desenlace de la historia. ¿O era el principio de otra? :D


El duelo



Fuego. Ira. Dolor. Un instante que se convierte en una eternidad... Y, entonces, –todo– estalla. Un grito desgarrado de dolor, lleno de venganza. El mortal filo de una espada cayendo, descendiendo como si fuera el ángel verdugo que ha venido a imponer su propia justicia en la tierra. El sonido metálico de las espadas danzando en un baile de una belleza mortal y efímera, rápida como el pensamiento, letal. Un paso, dos hacia delante, un giro de muñeca, un mandoble vigoroso y fuerte; un contraataque veloz, y una herida que se abre, sangre.

Sangre oscura, dolor lacerante, y sentimientos descontrolados a flor de piel. Odio, asco, sed de revancha en el aire; ganas, ansias, de infligir sufrimiento. Regocijo amargo. Y el poder que fluye por las venas con el aleteo rápido de las pulsaciones cardiacas, de los corazones desbocados en una carrera sin freno. La percepción de poderío, de forzar el cuerpo al máximo, de la adrenalina corriendo por las venas, de sentirte vivo, más vivo que nunca. La escapatoria de poder descargar toda la rabia que consume la mente y el cuerpo en golpes poderosos, peligrosos. La impresión de ser, por un momento, un ser grandioso, invencible, intocable; de poder conseguir cualquier cosa imaginable.

Y, entonces, en ese momento de potencia sin restricción, sin barreras, se produce el cambio. Por fin, el tan esperado error garrafal. El que decide un combate igualado, el que delimita la frontera entre el victorioso, aquel que sale vencedor, y el vencido; entre el que vive y el que perece. Ése que muchas veces es sólo cuestión de simple suerte. Ése que parece nimio, poco importante, pero que marca definitivamente la diferencia. Una mala decisión en un momento poco propicio, tal vez un tropiezo o un traspiés infortunado, una súbita vacilación momentánea, y estás fuera de juego.

El cuerpo del guerrero caído en combate se desplomó como si fuera de pronto una marioneta a la que le habían cortado las cuerdas. La fuerza del golpe lo dejó tendido, desmadejado, sin vida, en el pavimento oscuro, húmedo y sucio, de la estrecha y sombría callejuela en la que había tenido lugar el encarnizado duelo sin cuartel.

–¡Hijo de puta! –exclamó lleno de cólera el vencedor. El tono impersonal y frío que habría querido utilizar se vio, sin embargo, teñido de una animadversión tan profunda y una repulsión tan completa que a duras penas se podían calificar de imparciales los piropos que salían de su boca. Ni por el tono, ni, por supuesto, por la forma–. Púdrete en el infierno de donde saliste, maldito cabrón.

Mientras decía estas crudas palabras intentaba controlar la desesperación que lo embargaba y la impotencia, la sensación de que aún habiéndose vengado, el vacío que corroía su alma seguía ahí, intacto, donde siempre. Un dolor en el corazón y en el alma. Decían que la venganza era un plato que se servía frío, pero él pensaba que, en realidad, lo que nadie decía era que la venganza en sí misma no cambiaba nada. No te hacía sentirte más capaz de controlar la furia, con menos dolor, no te quitaba el sufrimiento ni te hacía dormir por las noches, cuando no podías conciliar el sueño porque te martirizabas por no haber sido lo suficientemente atento para darte cuenta de que lo que estaba ocurriendo a tu alrededor con las personas a las que amabas. O de haber sido lo suficientemente rápido para poder reaccionar a tiempo y haber cambiado la situación.

No, eso la venganza no te lo daba. Si acaso, te daba la tranquilidad de saber que el capullo responsable de la muerte de tu familia y de tus seres queridos ya no volvería a caminar por este tenebroso mundo. Te daba la seguridad de que habías visto su muerte con tus propios ojos, que, incluso, tu habías sido el causante de ella, y que, por tanto, podías de algún modo decir que se había equilibrado la balanza. Pero eso era una idiotez, una ingenuidad, como una catedral.

¿Quién podría decir que eso te compensaba? ¿Lo hacía, realmente? ¿De algún modo especial y retorcido? No en realidad. A fin de cuentas, tú seguías habiendo perdido a personas que valorabas, que estimabas. Que pudieras decir: “al menos he hecho todo lo que he podido. Me he vengado”, no era la solución a tu problema interior. Eso no te quitaba la rabia, no te quitaba las ganas de autocastigarte por tu ceguera, por tu falta de intuición, de no haberte dado cuenta de que había cosas que sucedían a tu alrededor en las que no reparabas, que estaban ahí todo el tiempo pero que en las que tú no fuiste capaz de reparar ni una sola vez. No te impedía seguir autoflagelándote porque no te paraste a reflexionar por un instante, y a ver, y no sólo a mirar, simplemente. No, todo eso no te lo daba la venganza. Ni siquiera se acercaba.

La sensación de haber cumplido con el objetivo que te habías impuesto, aunque ése objetivo fuera quizá erróneo, fruto de la desesperación surgida del dolor profundo; la satisfacción de haber cobrado esa deuda que creías haber contraído por alguna estúpida razón, esa misma deuda que te corroía el alma y nublaba la razón, no eran suficientes. No lo eran. Ni ahora, ni nunca.

Con esos pensamientos agónicos se propuso a limpiar la zona de cualquier rastro en la zona que pudiera incriminarle en el asesinato que había cometido. Tapó primero el cuerpo magullado, golpeado, cortado y, ahora, sin cabeza, con unos cartones y algunas sábanas viejas que había detrás de unas bolsas de basura, cercanas al contenedor de la esquina de aquel callejón o recoveco de mala muerte, y se fue a por la garrafa de gasolina que guardaba en su furgoneta, aparcada a no más de dos manzanas del lugar del suceso.

Se alegró sobremanera de haber reconocido con anterioridad toda aquella zona poligonal llena de naves viejas y abandonadas, y de haberse asegurado de que las pocas cámaras de seguridad que había en algunas de las fachadas de los recintos estaban inservibles y no funcionaban. Y, también, de haber hecho algunos movimientos... vitales, para asegurarse de que, si finalmente tenía suerte en el acecho a su objetivo y conseguía atraerlo hacia donde quería y acorralarlo, nadie encontraría el cadáver demasiado pronto y empezaría a investigar. O, al menos, no hasta dentro del suficiente tiempo para que llevara a cabo lo que tenía que hacer.

Cuando regresó con la gasolina, introdujo el cuerpo en el contenedor, los cubrió a los dos con gasolina, introdujo parte de la basura en el interior, y sus prendas manchadas de sangre que previamente se había cambiado en la furgoneta, y le prendió fuego a todo.


To be continued... Tomorrow, :)


(Enlace a la segunda parte)

martes, 8 de noviembre de 2011

Manos de barro


Manos de barro


Unas manos manchadas de barro,
ajadas por el tiempo y por los años
la arcilla mojada van modelando.

Con su seguridad tranquila;
con su habilidad adquirida;
suavemente, con toques lentos y seguros;
cariñosamente, con direcciones enérgicas y suaves;
poco a poco, como un puzzle a medio construir
va tomando la forma que el artista le quiere imbuir.
 Gracias a la pericia de la mano fuerte
que por necesidad se encuentra presente
va desarrollando todo su potencial,
la masa informe, arcilla insustancial.

Textura rugosa; olor rico, penetrante,
que inunda todo, y es como abrigarte
en un manto de ternura y calidez apabullante.
La manera en la que se deslizan sus dedos, tan acertadamente.
La sensación de dedicación completa, tan afectuosamente
como una caricia delicada, tan adorante
que quita el aliento que a duras penas agarraste.

Tu fascinación completa
por las manos llenas de gracia, de un divino regalo.
Por manos ajadas por los años,
y llenas de moldeable, vivo barro.


lunes, 7 de noviembre de 2011

Sorteos de "El Temor de un Hombre Sabio" (Crónica del Asesino de Reyes, 2), de Patrick Rothfuss


"El Temor de un Hombre Sabio", Patrick Rothfuss. (Crónica del Asesino de Reyes 2). 
Editorial  Plaza y Janés.

Supongo que, a estas alturas, ya lo sabréis todos, excepto yo, claro. Pero por si por si queda algún otro despistado a parte de mí por ahí: con la salida de "El Temor de un Hombre Sabio" (la segunda parte de ese fabuloso primer libro de la Crónica del Asesino de Reyes que todavía no he leído pero que planeo hacer muy, muy pronto, I promise.) a primeros de este mes noviembre, no paran de sucederse los concursos para conseguir tal ansiado libro. 

Yo ya he participado en el que organizan Fantasymundo y la editorial Plaza&Janés, que, por si no lo sabíais, es un concurso internacional, así que aquí nadie tiene excusa para no ir a por él, :D El link a la noticia en Cyberdark es éste, y éste a la página en concreto del concurso.


Pero también hay otro concurso de "El Temor de un Hombre Sabio", en este caso en un blog (y mucho chulo que está, a propósito). Esta vez, sin embargo, es un concurso nacional para España. El blog en concreto se llama "Alas de Papel". Tenéis el enlace al post del concurso aquí, y al blog aquí. Sólo seguid las instrucciones y, ¡suerte! 


jueves, 3 de noviembre de 2011

Todo, menos tú... (y Safe Creative)

Casi no pude creerme cuando entré a principios de esta semana a mi cuenta de Safe Creative y vi ¡más de 1000 visitas! (Ahora me pone 1179, O.O) No sé cuánto será lo normal, pero, ufff, eso me parece muchísimo... Y lo bueno es que he probado a ver si mis visitas las cuenta, y parece que no. ¡¡Así que... 1179 visitas a mis obras en Safe Creative!! Eso es algo grande, :)

Aquí os dejo el último relato corto terminado. A ver si me pongo las pilas, y termino con ese espíritu del bosque que todavía sigue vagando sin un final cercano... 





Todo, menos tú


La luz del sol, sus rayos, entran por la ventana, atravesando los huecos de la persiana y acariciando mi rostro, despertándome al sentir su toque acalorado sobre mi piel. Me levanto de la cama, medio a regañadientes, sin querer desprenderme de los vestigios del día anterior, de la noche anterior. Me acerco a la ventana, a la persiana. Abro la una, y subo la otra. La madera chirría y gruñe, un poco.

El aire fresco de la mañana entra tímidamente. Mi mente es incapaz de despegarse del todo de la idea que ronda por sus confines (parcialmente inexplorados, no entendidos, que se escapan a la razón).

La cama Nuestra cama aún conserva el calor de tu cuerpo. La suavidad de las sábanas todavía, aún, me evoca la ternura de unas caricias, la comodidad de estar con tu persona amada, con tu alma gemela. Pero las sábanas no pueden abrazarme. Son incapaces de hacerlo, incapaces de abrazarme. La almohada, nuestra almohada, aún conserva tu olor, y todo mi ser todavía recuerda ―con total claridad― el tacto de tu cuerpo, la sensación increíble de piel contra piel. Mi boca ansía probar de nuevo tu sabor. Y el sabor de tu piel...

Más débiles, como si fueran el eco distorsionado de los de antes, pero aún me recorren los escalofríos mientras se escapa de entre mis labios tu nombre, susurrado suavemente de la forma en la que lo hacen los amantes, de forma muy parecida a cuando lo hacía en medio de esos momentos de pasión, y amor, y ternura.

Las horas van pasando, y mi inquietud, mi desasosiego, se va haciendo más grande, cada vez más. Hasta mis plantas languidecen sin tus atenciones. El agujero ―abismo― de mi alma se va agrandando. Mi corazón duele, parece doler, con cada latido, cada vez un poco más. Miro por la ventana, pero no veo nada, no soy capaz de ver nada. (Todo está en silencio, todo está tranquilo. Todo está como solía estar. Todo, menos tú.)








Miramos la vida pasar, pero no vemos la nuestra, si no la de los demás.

Anónimo.




* * *
Actualizado: Vale, probando de nuevo, sí que parece que se cuentan mis visitas... Uh. Se me ha chafado un poco la alegría, :(