sábado, 26 de mayo de 2012

Mezcolanza de cosas, o cómo desgarrarse por dentro sin saberlo


Apatía.
Apatía en forma de tranquilidad.
Tristeza.
Tristeza en forma de contemplación.
Añoranza.
Añoranza en forma de nostalgia.
Anhelo.
Anhelo en forma de llanto.



Lágrimas saladas
resbalan por mi cara.
He expulsado al silencio
que acechaba mi pecho.
Pero eso no significa 

que me encuentre tranquila.
Desahogarse no significa curarse.



Desahogarse a veces significa desgarrarse,
por dentro.





Visto en http://lacajitadeyol.blogspot.com.es/2009/11/coagulos-de-amistad.html
"Corazón sangra", encontrado vía Google Images en el blog de Yol: aquí.



(A todo esto: menudo título más largo. Casi tiene más letras él solito que el poema o cosa escrita ahí arriba.)


jueves, 24 de mayo de 2012

Religión y reflexión


Acabo de tener una muy interesante y algo "alocada" (a falta de término mejor. Lo siento, pero estoy algo espesa ahora mismo y no me salen las palabras tan fluidamente como otras veces.) discusión/conversación con Daniel Rozo en Twitter, lo que me da la excusa perfecta para poner uno de mis microrrelatos que aún andan por ahí sin subir al blog:



Religión y reflexión

Las religiones han inculcado a los hombres cómo deben vivir, pero no les han explicado porqué deben vivir de la forma en la que ellas les dicen, no les explican porqué eso debe ser así y no de otra manera. Han programado máquinas, sin dejar que éstas entendieran el porqué de esa programación específica. Los han programado para obedecer; sin posibilitarles el ejercicio de la razón, sin dejarles realizarse en el conocimiento, en la evolución como personas que realmente son. Yo digo que las nuevas religiones deben encauzar a los hombres hacia el conocimiento y la iluminación, encauzarles hacia la sabiduría y la realización suprema, que consiste ni más ni menos que en utilizar el bien más preciado de nuestra existencia como personas, como seres racionales. El pensamiento. La reflexión.



P.D.: la negrita, en principio, la puse para que yo viera de un vistazo los cambios que le hice al texto original. Luego, me gusto tanto que la dejé, :D

martes, 22 de mayo de 2012

She, the girl with the blue eyes


She, the girl with the blue eyes, is staring at the sky.




All she knew, all she loved, is destroyed.




Noone else remains, but her.




And she's lost.




Her injuries aren't physical. Her look is absent.
She looks, but doesn't see anything.



Everything she cared for is destroyed by the flames. 




All her beloved people are dead.



Now, she hasn't anything.



Not even hope.



All was taken from her...


"Alone?", by ~HolyAnna



sábado, 19 de mayo de 2012

"Los que odian" ("Haters"), por Laurell K. Hamilton


Te odiarán. Alguien, en algún lugar, alguna vez, te odiará. Va a ocurrir en algún momento de tu vida, probablemente varias veces. No podrás ser lo suficientemente amable, o lo suficientemente bueno, o dar el suficiente miedo, o ser lo suficientemente bravucón, para impedirles que te odien.
¿Por qué te odiarán? Hay tantos motivos. Aquí hay sólo unos pocos.
Puede que te odien por el color de tu piel, por tu orientación sexual, porque eres más guapo de lo que son ellos, porque eres más feo que ellos, más popular, menos popular, por tu religión, por tu falta de religión, porque tienes más éxito que ellos, porque tienes menos éxito, porque eres mejor atleta  de lo que ellos podrán ser alguna vez, porque eres peor atleta de lo que ellos son ahora, porque dejaste caer una pelota, porque atrapaste una pelota, porque anotaste un touchdown, porque estropeaste un touchdown, porque escribes mejor de lo que ellos podrán escribir alguna vez, porque tienes una familia feliz y ellos no, porque estás casado y ellos quieren estarlo, porque eres soltero y ellos quieren serlo, porque tienes niños, porque no los tienes, porque tienes una casa más grande que la suya, un mejor trabajo, porque no tienes trabajo, porque tienes mucho dinero, porque tienes muy poco, porque tu gramática no se adecúa a sus estándares, porque eres más alto, más bajo, porque eres demasiado chillón, porque eres de voz suave, porque estás teniendo más sexo que ellos…  La lista no termina nunca.
No dejes que ese odio te desanime, o te detenga de hacer lo que necesitas hacer, simplemente hazlo, sé tú mismo, y déjales que te odien.
Te odiarán sin importar lo que hagas, sólo no dejes que ese odio, esa envidia, ese celo, haga nada, si no que hazte saber que tú eres tú, y  puesto que la única cosa que puedes ser es ser tú mismo, déjales que te odien. Déjales que se mueran de envidia. Déjales que se ahoguen a sí mismos en sus sentimientos de incapacidad, de incompetencia, que proyectan sobre ti. Deja que su envidia les ciegue en su verdad superior. Deja que su odio hacia sí mismos te use a ti como sustituto. Deja que el miedo limite su mundo y destruya su posibilidad de ser felices. Sabe que al final el odio sólo trae amargura y fracaso. No les odies tú también, porque entonces les pertenecerás. No les des ningún poder sobre tu vida. No trates de entenderles, porque si estás haciendo lo que más quieres hacer, siguiendo el camino más grande y mejor para tu vida, no tendrás tiempo para odiar, estarás demasiado ocupado viviendo.




Traducción al español de la entrada (post) de Laurell K. Hamilton en su blog personal, titulada "Haters" ("Los que odian"). 

Sin intención de infringir el copyright del texto. Todo esto pertenece a su autora, y las opiniones y afirmaciones ahí vertidas son suyas y únicamente suyas. Ésta es una traducción amateur, con lo que cualquier fallo que podáis encontrar es, muy posiblemente, sólo mío. Y, puesto que es una traducción imperfecta, se agradece de corazón cualquier ayuda o crítica que pueda mejorarla.
Gracias por leer, :D


Spanish translation of Laurell K. Hamilton's post, titled "Haters", at her blog.

No copyright infrigment intended. All of it is owned by its author, and the opinions and statements expressed here are hers and only hers. This is an amateur translation, so any mistake is, mostly sure, mine. For that reason, any help to improve this translation will be highly appreciated. Thanks for reading! :D






Yo: "Estoy pensando en traducir al español la última entrada de Laurell K. Hamilton en su blog. Tan buena como siempre. ¡Gracias por compartir tu opinión, Laurell!"

Laurell K. Hamilton: "Me siento honrada de que vayas a traducirlo. Un montón de gente ha dicho que el blog les ayudó con su negatividad en la escuela, en el trabajo, en la familia."


sábado, 5 de mayo de 2012

Ray Hurxley (título provisional)

Aquí dejo la primera parte de un relato corto nuevo en el que estoy trabajando, para ir abriéndoos la boca:


Los cálidos rayos del sol caen de forma oblicua, arrancando brillantes destellos de la superficie del mar. De las olas, que se mueven tranquilamente de un lado para otro, como jugando a un juego que sólo ellas conocen con el astro rey, intentando escapar de su toque para luego acercarse a él de nuevo.

El mar está muy en calma. Las olas parecen deslizarse con pereza más que que chocar contra las rocas. Está todo tan en calma, que casi se parece a la superficie de un lago: es un oleaje pequeño, suave, podría decirse que casi tímido. El agua golpea mis piernas, con delicadeza.

Estoy sentado en la orilla, en la parte escarpada de una playa virgen, de granos de arena dorados. Detrás de mí sólo están las rocas; delante, el océano, que se extiende hasta donde alcanza la mirada.

Es una vista preciosa. Está casi anocheciendo, casi es la puesta de sol. Queda la suficiente luz como para poder ver el paisaje, y la justa para que las formas empiecen a desdibujarse y dejen vía libre a la imaginación desbordante de mi mente semi-despierta. Es magnífico. La tranquilidad que estar aquí me produce no puede compararse con la que me pueda dar cualquier otra cosa.

Me siento en paz conmigo mismo. No hay estrés, no hay dolor, no hay preocupaciones. Sólo calma, paz, y tranquilidad. Soy yo mismo, y a la vez soy algo más. Me siento parte de este momento anclado en el tiempo. Parte de algo mágico, sencillo, increíble, y maravilloso en su simplicidad compleja. Soy yo, pero formo parte de algo más grande.

Aquí el tiempo no importa. El vaivén de las olas es eterno y tranquilizante. Mis ojos, ausentes pero clavados en el océano, persiguen de vez en cuando a las olas y sus destellos, que van moviéndose poco a poco de un lado para otro. Me gusta verles jugar a su juego sin nombre, ese pilla-pilla sutil, ese juego inocente. Son como niños. Me gusta su inocencia, y me alegra saber que no crecerán nunca. Siempre serán como niños, jugando... Sin preocupaciones de ningún tipo. Y, en parte, a mí me hacen sentir mayor, como si hubiera vivido ya demasiado. Qué viejo me siento, a veces.

La brisa acaricia mi piel, de forma ténue, casi como si me prodigara las caricias de un amante. En ocasiones enreda mi pelo, que, suelto, ondea libre al aire, y va para donde éste le lleva. A veces, mi blanca camiseta se hincha y ondea, también, como si tuviera envidia de mi pelo, o como si tuviera complejo de ser bandera.

El olor salado del mar parece revitalizarme. Inspiro profundamente, hinchando mis pulmones, desgraciadamente ficticios, con el aire puro, húmedo y maravilloso que hay aquí. Desearía quedarme aquí para siempre, y no volver nunca a la dolorosa realidad que me espera cuando parta de este lugar.

Así que me dejo llevar. Mi mirada se pierde entre las olas, remontando con un vistazo sus altibajos, hundiéndose en la profundidad del océano, buscando respuestas que no conseguiré a preguntas que me persiguen, formulando preguntas para entender las respuestas que ya tengo.

De pronto, algo captó mi atención repentinamente. Un destello extraño de color que no tenía sentido, que no era lógico ni esperable, en medio del agua que se movía enérgicamente delante de mí. Un remolino de colores brillantes: rosa fuerte, amarillo débil, violeta brumoso en espirales. Me envaré.

Algo estaba mal. Malditamente mal. Clavé la mirada duramente en el agua, en el remolino de colores que había aparecido. Achiné los ojos, concentrándome. Justo en ese momento, el remolino tembló, desapareciendo por un segundo, y después reapareció, igual que antes. Pero de forma veloz los colores se fueron apagando, disolviéndose rápidamente. Como ansiosos por desaparecer ahora que yo los había visto completamente.

Como si quisieran eludirme.

Me entró un sudor frío. Escalofríos poderosos recorrieron mi columna, y el miedo me acuchilló con fuerza, a la vez que estrangulaba mi corazón en un puño que apretaba con fuerza. Tenía que parar esto. O intentarlo.

Me sumergí en mi consciencia. Recorrí los bordes de mi mente, tanteando. Buscando. Había algo que me eludía. Que no debía estar ahí.

Algo.

O alguien.

Alguien malditamente poderoso.

Alguien que había estado jugando conmigo por quién sabe cuánto tiempo. Alguien que había entrado en mi mente sin ninguna dificultad, y había estado recorriéndola sin que yo fuera capaz de notar nada, ni una mísera sospecha, hasta ése momento.

Estaba muerto. Jodidamente, y completamente, muerto.

Luché. Me dirigí como una bala contra esa presencia extraña en mi interior. En términos extra-metafísicos: me estrellé contra ella. Yo era un obús que tenía un sólo objetivo. No podía fallar.

No fallé, pero de repente nos vimos enredados, él y yo, en una red dispersa de pensamientos y recuerdos extraños. Éramos como pulpos cuyos tentáculos se habían extendido, y estaban entrelazados los de uno con los del otro, y los de cada uno consigo mismo, también. Era una maraña sin sentido de dos consciencias que pugnaban la una contra la otra por ganar la mano que estaba en juego.

Pero las cartas nunca habían estado a mi favor, ni nunca lo estarían.

En segundos, la consciencia que me había invadido se desenredó de la mía, con rapidez. Con fluidez. En instantes, me encontré entero de nuevo. Después, atacó.

Si yo había sido una bala, él era un huracán. Su inmensidad era indiscutible, y su poder y fuerza también. Cuando cayó sobre mí, fue como si de repente yo solo tuviera que soportar sobre mis hombros el peso del mundo. Me sentí como Hércules, solo que yo no era ningún semidiós.

Temblé. Yo era una hoja, un insecto, ante el huracán que se extendía sobre mí, por encima de mí, que se adentraba salvajemente en mis entrañas, dejando nada suyo que yo pudiera usar, agarrar, arrancar, robar.

Yo era un pequeño pájaro que sabía muy bien volar, pero que no podía hacer nada contra el huracán que lo había engullido. Yo era un pájaro que volaba. Él era el viento, y la causa del viento. Y el Dios que lo había creado, que lo controlaba, y que lo deshacía.

Y el viento había decidido arrancarme las alas.

Y no iba a tener piedad.

Porque el viento está siempre por encima de los que lo surcan.

Me invadió, con fuerza, con rabia. Me golpeó, y dolió como el infierno. Era como una cuchilla de acero que me partía por la mitad, me abría para estudiarme con toda tranquilidad y me examinaba a su total antojo.

No podía hacer nada, así que no lo hice. Me quedé quieto, esperando que el viento decidiera que el pájaro era digno de vivir, de seguir volando.

Creí que me arrancaría las alas. Creí que me haría estrellarme, machacándome contra el pavimento, rompiéndome los huesos de todo mi cuerpo. Creí que me haría papilla.

Porque el pájaro no debería haber osado nunca enfrentarse al viento. A la causa del viento. Al Dios del viento. Así que estaba preparado para morir. Creí que iba a morir. Estaba seguro de que iba a morir.

Así que no pude sorprenderme más cuando reaparecí, vivo, y despierto, en la cama del hospital.